La batalla de Leipzig, librada del 16 al 19 de octubre de 1813 y conocida en Alemania como la «batalla de las Naciones», enfrentó a Napoleón con los ejércitos coaligados de Rusia, Prusia, Austria y Suecia. Participaron en ella más de medio millón de hombres: fue la mayor batalla de las guerras napoleónicas. Tras una primera jornada indecisa y el asalto general del 18 de octubre, Napoleón ordenó la retirada; la voladura prematura del puente del Elster, el 19, dejó aislada a su retaguardia, en la que murió el mariscal Poniatowski. La derrota hundió la Confederación del Rin y abrió a los coaligados el camino de Francia.
Fuerzas enfrentadas
Resultado: Derrota francesa decisiva
Francia · Polonia · Sajonia · Italia · Confederación del Rin
- Napoléon
- Murat
- Ney
- Marmont
- Macdonald
- Poniatowski
De 190 000 a 210 000 hombres y unos 700 cañones según las fuentes
Bajas: De 38 000 a 45 000 muertos y heridos, al menos 15 000 prisioneros, más de 20 000 heridos abandonados y unos 300 cañones
Rusia · Prusia · Austria · Suecia
- Schwarzenberg
- Blücher
- Bernadotte
- Bennigsen
- Barclay de Tolly
Unos 200 000 hombres el 16 de octubre, más de 300 000 y entre 1200 y 1500 cañones el 18
Bajas: Unos 54 000 hombres, entre ellos ~20 000 rusos, 16 000 prusianos y 14 000 austriacos
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Coordenadas de la batalla
Leipzig
Coordenadas 51,3138° N · 12,4071° E
Mapa táctico interactivo
Siga la batalla hora a hora: pase el cursor por una unidad o tóquela para ver sus detalles.
El ataque de Barclay al sur
Las columnas de Barclay de Tolly se ponen en marcha antes del amanecer y, hacia las 9, la artillería abre fuego desde el Pleiße hasta Liebertwolkwitz. Kleist ataca Markkleeberg, en poder de Poniatowski y Augereau; los rusos y prusianos de Eugenio de Wurtemberg toman Wachau, donde manda Napoleón, pero no pueden mantenerse; Gorchakov y Klenau fracasan ante Liebertwolkwitz. Entre los ríos, el cuerpo de Merveldt queda atascado frente a Connewitz.
Napoleón ha instalado su puesto de mando en el Galgenberg: será el punto más al sur que alcance durante la batalla.
Posiciones reconstruidas a partir de los relatos de la batalla y situadas sobre el emplazamiento real de las aldeas, hoy en su mayoría barrios de Leipzig. Los horarios, en los que las fuentes no siempre coinciden, son orientativos, y los efectivos varían mucho según los autores. Cada fase recentra el mapa en el sector donde se desarrolla la acción.
Relato de la batalla
De Rusia a Alemania
A comienzos de 1813, la Grande Armée no se había recuperado del desastre de Rusia, donde había perdido unos 400 000 hombres y 200 000 caballos. El general Yorck, al mando del contingente prusiano, firmó con los rusos ya el 30 de diciembre de 1812 la Convención de Tauroggen; Prusia se alió con Rusia por el Tratado de Kalisch y declaró la guerra a Francia en marzo de 1813. Ante el avance ruso, los franceses abandonaron el Ducado de Varsovia, evacuaron Berlín y se replegaron hasta el Elba.
En pocos meses, Napoleón levantó un nuevo ejército, pero estaba formado en gran parte por jóvenes reclutas sin experiencia, y la caballería, diezmada en Rusia, seguía siendo su punto débil. Derrotó a rusos y prusianos en Lützen el 2 de mayo y en Bautzen el 20 y el 21 de mayo, sin poder explotar esas victorias por falta de jinetes. En junio aceptó el armisticio de Pläswitz y la mediación de Austria. Las negociaciones fracasaron: el 12 de agosto, Austria declaró a su vez la guerra a Francia.
El plan de Trachenberg
Durante el armisticio, los soberanos de Rusia y Prusia se reunieron en el castillo de Trachenberg, en Silesia, con el príncipe heredero de Suecia, Carlos Juan, que no era otro que el antiguo mariscal Bernadotte. Completado con los austriacos, el plan resultante preveía tres ejércitos: el ejército de Bohemia del príncipe de Schwarzenberg, el más fuerte, el ejército de Silesia de Blücher y el ejército del Norte de Bernadotte, a los que pronto se sumó el ejército de Polonia de Bennigsen. El principio era sencillo: evitar la batalla cuando Napoleón mandaba en persona, retroceder ante él y golpear a sus mariscales aislados.
El método funcionó. Napoleón obtuvo todavía una gran victoria en Dresde, el 26 y el 27 de agosto, pero el cuerpo de Vandamme, lanzado en persecución de los vencidos, fue aplastado en Kulm el 29 y el 30 de agosto. Oudinot fue derrotado en Großbeeren el 23 de agosto cuando marchaba sobre Berlín, Macdonald en el Katzbach el 26 de agosto por Blücher, y Ney en Dennewitz el 6 de septiembre. Los aliados alemanes de Francia vacilaban: unidades sajonas se pasaron al enemigo, los westfalianos desertaban y, el 8 de octubre, por el Tratado de Ried concluido en secreto con Austria, Baviera rompió su alianza con Napoleón.
La concentración en torno a Leipzig
A principios de octubre, los coaligados apretaron el cerco. Blücher cruzó el Elba en Wartenburg el 3 de octubre y marchó hacia el sur, Bernadotte lo siguió, y Schwarzenberg salió de Bohemia. Amenazado con quedar aislado de Francia, Napoleón abandonó la región de Dresde y concentró su ejército en torno a Leipzig, gran ciudad de Sajonia, donde esperaba librar la batalla decisiva que sus adversarios le negaban desde hacía dos meses. El 14 de octubre, al sur de la ciudad, los jinetes de Murat y los de la vanguardia de Schwarzenberg chocaron en torno a Liebertwolkwitz, en lo que a menudo se presenta como uno de los mayores combates de caballería de la historia, con cerca de 14 000 jinetes. El resultado fue indeciso, pero la caballería francesa perdió aún más fuerzas valiosas.
El terreno condicionaba la batalla. Tres ríos, el Elster Blanco y el Pleiße al oeste y al sur y el Parthe al norte, dividían los alrededores de Leipzig en sectores separados. Controlando la ciudad y sus puentes, Napoleón podía trasladar tropas de un sector a otro más deprisa que sus adversarios. Pero a su espalda solo un camino conducía al oeste: la calzada de Lindenau, que atravesaba sobre un dique las praderas pantanosas del Elster.
Las fuerzas enfrentadas
Las estimaciones varían mucho de un autor a otro. Napoleón reunió en torno a Leipzig entre 190 000 y 210 000 hombres, franceses en su mayoría, pero también polacos del príncipe Poniatowski, italianos y alemanes de la Confederación del Rin, sobre todo sajones y wurtembergueses, con unos 700 cañones. Sus cuerpos estaban al mando de los mariscales Ney, Marmont, Macdonald, Augereau, Victor y Poniatowski y de los generales Bertrand, Lauriston, Reynier y Souham; Murat dirigía la caballería y la Guardia Imperial formaba la reserva.
Los coaligados, por su parte, no estaban todos presentes el primer día. El 16 de octubre alineaban unos 200 000 hombres, sobre todo el ejército de Bohemia de Schwarzenberg; con la llegada de los ejércitos de Bernadotte y de Bennigsen superaron los 300 000 hombres, con entre 1200 y 1500 cañones. Rusos, austriacos, prusianos y suecos combatieron codo con codo bajo la mirada de tres soberanos: el zar Alejandro I, el emperador Francisco I de Austria, suegro de Napoleón, y el rey de Prusia Federico Guillermo III. Más de medio millón de hombres iban a enfrentarse durante cuatro días: fue la mayor batalla de las guerras napoleónicas.
Los planes de ambos bandos
Napoleón concentró su esfuerzo en el sur. Según una estimación, disponía allí de 138 000 hombres y 488 cañones frente a unos 130 000 soldados del ejército de Bohemia, y quería aplastarlo antes de que los demás ejércitos coaligados cerraran el círculo. Al norte, Marmont y Ney debían contener al ejército de Silesia, que el Emperador creía aún lejos; al oeste, Bertrand cubría Lindenau.
El plan inicial de Schwarzenberg preveía atacar por las tierras bajas y pantanosas entre el Elster y el Pleiße para rodear la derecha francesa y marchar directamente sobre Leipzig. El zar juzgó impracticable ese terreno e hizo modificar el proyecto. Solo los cerca de 35 000 austriacos de Merveldt y del príncipe de Hesse-Homburg atacarían entre los ríos; los cuerpos de Kleist, Wittgenstein y Klenau, al mando de Barclay de Tolly, atacarían de frente las posiciones francesas al este del Pleiße. Gyulay debía amenazar Lindenau, y Blücher avanzar desde el noroeste. El ejército de Bohemia quedó así repartido en tres campos de batalla separados por ríos y pantanos.
El 16 de octubre: Wachau y Liebertwolkwitz
El 16 de octubre, la lluvia de los días anteriores había empapado el suelo. Las columnas de Barclay se pusieron en marcha antes del amanecer y, hacia las 9, la artillería abrió fuego sobre las aldeas en poder de los franceses, desde el Pleiße hasta Liebertwolkwitz. Napoleón había instalado su puesto de mando en el Galgenberg, una ligera elevación entre Wachau y Liebertwolkwitz.
A la izquierda coaligada, los prusianos de Kleist atacaron Markkleeberg, defendido por Poniatowski y Augereau; la aldea cambió de manos varias veces a lo largo del día. En el centro, los rusos y prusianos del príncipe Eugenio de Wurtemberg tomaron Wachau, donde Napoleón mandaba en persona, pero tuvieron que abandonarlo bajo el fuego de la artillería francesa, superior. A la derecha, Gorchakov y los austriacos de Klenau no lograron tomar Liebertwolkwitz, defendido por Macdonald y Lauriston, y perdieron el Kolmberg. Hacia mediodía, la línea coaligada estaba tan castigada que Schwarzenberg tuvo que enviar a Barclay las reservas austriacas del príncipe de Hesse-Homburg.
Napoleón, sin embargo, aguardó para lanzar su contraataque. Contaba con el cuerpo de Marmont, al que había llamado desde el norte; pero Marmont quedó trabado en Möckern por el ejército de Silesia, llegado antes de lo previsto. Hacia las 14, el Emperador ordenó el ataque general con las tropas de que disponía. Drouot reunió una gran batería, que las fuentes cifran entre cien y ciento cincuenta piezas, y que causó estragos en las líneas rusas. Macdonald intentó desbordar la derecha coaligada, pero fue rechazado, porque habían llegado los primeros refuerzos rusos.
La gran carga de Murat
Hacia las 15, Murat lanzó por la brecha abierta por la artillería una masa de 8000 a 10 000 jinetes franceses, italianos y sajones. La carga rompió el centro coaligado cerca de Wachau y llegó hasta las inmediaciones de la altura donde se encontraban los soberanos aliados y Schwarzenberg. Pero Murat no había previsto reserva, y sus escuadrones, lanzados en columnas masivas, fueron atacados de flanco por pequeñas formaciones de caballería rusa, prusiana y austriaca, entre ellas el regimiento de cosacos de la Guardia del zar. La infantería rusa, formada en cuadros, resistió. Los jinetes franceses refluyeron hasta su propia artillería. Un ataque de la infantería de Lauriston sobre Güldengossa fracasó a su vez.
Al anochecer, los franceses habían ganado terreno en el sur, pero la ruptura decisiva no se había producido. Napoleón ya no tenía tropas de refresco que empeñar, y la noche puso fin a los combates. Ese día, por su conducta al frente del VIII Cuerpo, el príncipe Poniatowski recibió el bastón de mariscal del Imperio: fue el único extranjero que obtuvo esa dignidad.
Connewitz y Dölitz, entre los ríos
Entre el Elster y el Pleiße, el ataque austriaco se atascó. Salido de Gaschwitz a las 8, el cuerpo de Merveldt no pudo desplegar su artillería en aquel terreno pantanoso. En Connewitz, el primer puente había sido destruido y el segundo barricado, y los tiradores franceses apostados en las casas de la otra orilla clavaron a los atacantes en el sitio. A mediodía, la mayor parte de los 28 000 austriacos permanecía inactiva al oeste del Pleiße, mientras sus compañeros combatían duramente al este. El propio Merveldt tuvo la mala suerte de adentrarse en las líneas sajonas y polacas, donde fue herido y hecho prisionero.
Más al sur, en Dölitz, los austriacos tomaron la casa señorial situada frente a la aldea, pero los polacos contraatacaron y la lucha se prolongó a ambos lados del canal del molino. Hacia las 15, los austriacos lograron por fin traer cañones, que incendiaron el molino en poder de los polacos. Hacia el anochecer, la situación se volvió crítica para los franceses de ese sector, hasta la llegada del III Cuerpo de Souham, llamado desde el norte, que estabilizó el frente. Al caer la noche, Dölitz seguía en manos francesas.
Möckern, al norte
En el norte, la jornada fue favorable a los coaligados. Sin esperar al ejército del Norte, Blücher marchó sobre Leipzig. Marmont, que acababa de recibir la orden de dirigirse a Wachau y ya había abandonado una posición mejor más al norte, decidió esperar el ataque en Möckern con unos 17 000 hombres. La aldea, con su casa señorial, sus jardines y sus muros aspillerados, era una auténtica fortaleza, y la artillería francesa ocupaba buenas posiciones en las alturas del este.
El cuerpo prusiano de Yorck, unos 20 000 hombres, solo podía atacar de frente, porque el Elster cubría el flanco de la aldea. Asalto tras asalto, los prusianos tomaron por fin Möckern al final del día; los combates se prolongaron hasta la noche. Las pérdidas fueron terribles: unos 7000 hombres solo en el cuerpo de Yorck según algunos autores; 9000 muertos y heridos coaligados y 7000 franceses, más 2000 prisioneros, según otros. Más al este, en Wiederitzsch, la pequeña división polaca de Dąbrowski resistió largo tiempo a los rusos de Langeron, que acabaron tomando la aldea con fuertes pérdidas. Ney, que había enviado parte de sus tropas en ayuda de Marmont antes de hacerlas volver al sur, llegó demasiado tarde para pesar en Wachau. Al oeste, Bertrand rechazó el ataque de Gyulay sobre Lindenau.
La primera jornada terminó sin decisión. Los franceses habían obtenido pequeños éxitos en Wachau y Lindenau y sufrido un revés en Möckern; los coaligados habían perdido entre 20 000 y 30 000 hombres, los franceses unos 25 000. Pero el tiempo corría en contra de Napoleón: solo esperaba a los 14 000 hombres de Reynier, mientras Bernadotte y Bennigsen se acercaban con unos 145 000.
El 17 de octubre, un domingo de respiro
El 17 de octubre, domingo, los combates se interrumpieron casi en todas partes. Solo en el norte los rusos de Sacken expulsaron de Gohlis a los polacos de Dąbrowski, y Blücher, nombrado mariscal de campo la víspera, avanzó hasta las puertas de Leipzig. Los coaligados recibieron a los ejércitos de Bennigsen y de Bernadotte y decidieron atacar a la mañana siguiente. Según una estimación, esa noche disponían de 306 000 hombres y unos 1200 cañones, frente a 160 000 hombres y 630 cañones de Napoleón.
El Emperador intentó una apertura política. Liberó bajo palabra al general Merveldt, capturado la víspera, portador de propuestas para los soberanos aliados: devolvería las fortalezas que tenía en el Óder y el Vístula si se le permitía retirarse detrás del Saale, y abriría negociaciones de paz. Los coaligados no respondieron. Napoleón acortó entonces su dispositivo evacuando Wachau y Liebertwolkwitz, e hizo asegurar el camino de Lindenau y Weißenfels ante una posible retirada.
El 18 de octubre: el asalto desde todas partes
El 18 de octubre, el ejército francés formaba un semicírculo en torno a Leipzig: Poniatowski mantenía el Pleiße de Connewitz a Dölitz, el centro formaba un saliente en Probstheida y la izquierda se extendía hasta el Parthe y se replegaba al norte de la ciudad. Napoleón instaló su puesto de mando junto al molino de tabaco de Quandt, en una altura entre Stötteritz y Probstheida. Los tres soberanos aliados y Schwarzenberg siguieron la batalla desde otra altura, al sureste, que más tarde se llamaría el Monarchenhügel, la «colina de los monarcas».
Los coaligados atacaron en seis columnas, con su esfuerzo principal al este de Leipzig. Las distancias eran tales que apenas podían coordinar sus movimientos. En el sur, la columna del príncipe de Hesse-Homburg tomó por un momento Dösen, Dölitz y Lößnig, donde se distinguieron los húngaros de Bianchi, pero la Joven y la Vieja Guardia la rechazaron. Para apoyar ese sector, Schwarzenberg llamó al cuerpo de Gyulay, dejando desguarnecido el oeste de Leipzig. Bertrand, por su parte, acabó expulsando a los austriacos de Gyulay de los alrededores de Lindenau: el camino de la retirada quedaba abierto.
Probstheida, el corazón de la batalla
Los combates más sangrientos se libraron en Probstheida, aldea situada al sureste de Leipzig y clave de la posición francesa. Barclay lanzó contra ella unos 60 000 hombres en dos columnas, al mando de Kleist y Wittgenstein, por insistencia de los soberanos y pese a las reservas de Kleist. Los franceses se habían atrincherado tras los altos muros de los jardines, apoyados por una artillería numerosa y fuertes reservas de infantería.
Los cazadores prusianos intentaron tomar la aldea al primer empuje, y luego los asaltos se sucedieron. La artillería de la Guardia Imperial fue imponiéndose, los coraceros de Murat cargaron contra las debilitadas líneas prusianas, y solo las contracargas de la caballería rusa salvaron a la infantería. Un tercer asalto, dirigido por los rusos del general Raievski, penetró en los jardines, pero la Guardia Imperial, llegada a tiempo, lo rechazó. Probstheida, defendida bajo la dirección personal de Napoleón, no cayó. Más al este, la columna de Bennigsen, que no atacó hasta la tarde, tomó Zuckelhausen y Holzhausen, pero fracasó ante Stötteritz.
Schönefeld, Paunsdorf y las deserciones
Al noreste, el ejército del Norte de Bernadotte, de unos 95 000 hombres según algunas fuentes, cruzó el Parthe en Taucha, reforzado por el cuerpo ruso de Langeron, que le había cedido Blücher. En Schönefeld, el VI Cuerpo de Marmont defendió la aldea con encarnizamiento hasta quedarse sin municiones; el III Cuerpo acudió a relevarlo. La aldea fue tomada y recuperada varias veces y ardió por completo antes de quedar en manos de los rusos de Langeron.
En Paunsdorf, una compañía británica de cohetes Congreve, agregada al ejército del Norte, disparó sobre la aldea y sembró el desorden entre los defensores; su jefe, el capitán Richard Bogue, murió de un balazo en la cabeza. En este sector se produjo el hecho más comentado de la jornada. Ya por la mañana, en Mockau, una brigada de caballería sajona se había pasado a los rusos; por la tarde, cerca de Paunsdorf, gran parte de la infantería sajona del cuerpo de Reynier cambió a su vez de bando, al igual que jinetes wurtembergueses. Las cifras que se dan van de 3000 a más de 5000 sajones. El alcance militar de esa deserción es discutido: algunos historiadores lo consideran escaso, mientras otros relatos ven en ella una causa del retroceso de la línea francesa en Paunsdorf. En todo caso impresionó a los contemporáneos, y en Francia se habló durante mucho tiempo de la «traición» de los sajones.
En la tarde del 18 de octubre, los coaligados apenas habían ganado terreno, pero los franceses estaban al límite. Su artillería solo tendría ya 20 000 disparos. Napoleón dio la batalla por perdida.
La decisión de retirarse
Según una tradición local, Napoleón dio la orden de retirada por la tarde, en el molino de tabaco, y después se durmió en una silla de campaña antes de regresar a Leipzig ya de noche. Durante la noche, el grueso del ejército evacuó en silencio Connewitz, Probstheida, Stötteritz y Reudnitz, atravesó la ciudad y cruzó el Elster por el único puente de piedra que daba acceso a la calzada de Lindenau, en dirección a Weißenfels. Débiles retaguardias ocuparon las aldeas para ocultar el movimiento; los muros de jardines y cementerios cercanos a la puerta de Grimma fueron aspillerados.
Una retaguardia de unos 30 000 hombres, con los cuerpos de Macdonald, Poniatowski y Lauriston entre otros, debía sostener Leipzig el tiempo suficiente para que pasaran el resto del ejército, la artillería y los bagajes. Los puestos avanzados coaligados no advirtieron la retirada durante la noche.
El 19 de octubre: combates en Leipzig
Los coaligados no descubrieron la evacuación hasta la mañana del 19 de octubre. A lo largo de la mañana lanzaron un asalto concéntrico sobre Leipzig. Los rusos tomaron el arrabal de Halle, los prusianos de Bülow el de Grimma y Bennigsen la puerta de San Pedro, al sur. Los franceses se defendieron casa por casa, tras barricadas, mientras los habitantes se escondían. Los cazadores suecos participaron también en el asalto final.
El puente del Elster
La retirada continuó hasta primera hora de la tarde. Napoleón había ordenado volar el puente del Elster, cerca de la puerta de Ranstädt, una vez pasado el ejército, para frenar la persecución. Según el monumento que recuerda el suceso, él mismo lo había cruzado media hora antes. Hacia las 13, cuando el puente seguía abarrotado de tropas en retirada y la retaguardia combatía aún en la ciudad, la carga estalló. Según el relato más difundido, el general Dulauloy, encargado de la operación, la habría confiado al coronel Montfort, quien la habría dejado en manos de un cabo que desconocía el horario previsto; este habría prendido la mecha demasiado pronto. Las circunstancias siguen siendo discutidas, y las órdenes dadas parecen haber sido contradictorias.
Miles de hombres quedaron atrapados en la orilla este. Muchos intentaron cruzar a nado el Elster, crecido por las lluvias, y se ahogaron; los demás fueron capturados. El mariscal Macdonald logró pasar a nado. Los generales Lauriston y Reynier fueron hechos prisioneros. A primera hora de la tarde, Leipzig estaba por completo en manos de los coaligados.
La muerte de Poniatowski
Entre quienes no pudieron pasar se encontraba el mariscal Poniatowski, sobrino del último rey de Polonia, cuyo cuerpo cubría la retirada. Ya herido, intentó cruzar el Elster a caballo para no ser capturado y se ahogó. Su cuerpo no fue hallado hasta el 24 de octubre; trasladado más tarde a Polonia, reposa hoy en la catedral de Wawel, en Cracovia. Al conocer su muerte, Napoleón escribió a su hermana que la pérdida sufrida era muy grande. En Santa Elena habría dicho de él que era «el verdadero rey de Polonia».
El balance
El número de víctimas sigue siendo incierto, y las cifras varían según las fuentes. Se estima con frecuencia que unos 90 000 hombres murieron o resultaron heridos en cuatro días, y las pérdidas totales, prisioneros incluidos, superaron las 100 000. Para los franceses, las estimaciones rondan entre 38 000 y 45 000 muertos y heridos, a los que se suman al menos 15 000 prisioneros ilesos, más de 20 000 heridos y enfermos abandonados en los hospitales de Leipzig y unos 300 cañones. Los coaligados habrían perdido unos 54 000 hombres, entre ellos una veintena de miles de rusos, 16 000 prusianos y 14 000 austriacos muertos o heridos. Varios generales franceses murieron, entre ellos Poniatowski, y varias decenas fueron hechos prisioneros.
La ciudad quedó desbordada de heridos y enfermos, muchos de los cuales murieron por falta de cuidados e higiene, y una epidemia de tifus se llevó después a numerosos soldados y habitantes. Los cadáveres eran tantos que los vecinos apenas lograban enterrarlos; algunos seguían a la vista al año siguiente.
De Hanau al Rin
Los coaligados, exhaustos, no persiguieron con energía al ejército francés, y Schwarzenberg rechazó una persecución con la caballería, lo que varios historiadores le reprocharían. Napoleón regresó al Rin con los restos de su ejército. El 30 y el 31 de octubre, en Hanau, chocó con los bávaros y austriacos del general Wrede, unos 40 000 hombres, que querían cerrarle el paso, y se abrió camino por la fuerza. Pero dejó atrás, encerrados en las fortalezas de Alemania y Polonia, más de 100 000 hombres y dos mariscales de gran valía, Davout en Hamburgo y Gouvion-Saint-Cyr en Dresde.
La Alemania napoleónica se derrumbó. Wurtemberg se unió a los coaligados el 2 de noviembre, Baden el 20 de noviembre, y después Nassau y Hesse; la Confederación del Rin desapareció. El rey de Sajonia, que había permanecido fiel a Napoleón, fue hecho prisionero y su reino quedó bajo administración aliada. A su regreso a París, el Emperador habría resumido la situación con una frase: «Hace un año, toda Europa marchaba con nosotros; hoy, toda Europa marcha contra nosotros». A comienzos de 1814, los coaligados invadieron Francia. París cayó el 31 de marzo y Napoleón abdicó el 6 de abril.
La memoria de la «batalla de las Naciones»
Los franceses de la época hablaban de la batalla de «Leipsick». En Alemania, el nombre de Völkerschlacht, la «batalla de los Pueblos» o «de las Naciones», aparece ya el 22 de octubre de 1813 en un artículo del escritor Achim von Arnim, y se impuso en la época del centenario. Durante décadas, el 18 de octubre se celebró en los Estados alemanes como el aniversario de un renacimiento nacional.
El campo de batalla, hoy absorbido en gran parte por la ciudad, está salpicado de monumentos. El primer gran memorial, un obelisco de hierro fundido, se erigió en 1847 en el Monarchenhügel. En el Galgenberg, una piedra de 1852 señala el puesto de mando de Napoleón el 16 de octubre; lleva una referencia al libro de Job: «Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante». El Napoleonstein se inauguró en 1857 en el emplazamiento del molino de tabaco de Quandt, y el monumento a la voladura del puente, en 1863. Entre 1861 y 1864, el escritor Theodor Apel hizo colocar a su costa 44 mojones de arenisca que señalan las posiciones de los ejércitos; hoy son 50, marcados con una «N» para las tropas napoleónicas y una «V» para los coaligados.
Para el centenario se inauguraron dos edificios. La Iglesia Conmemorativa Rusa, templo ortodoxo erigido en memoria de unos 22 000 soldados rusos caídos en Leipzig, fue consagrada el 17 y el 18 de octubre de 1913. El 18 de octubre de 1913, en presencia del emperador Guillermo II, se inauguró el monumento a la Batalla de las Naciones, iniciado en 1898 según los planos del arquitecto Bruno Schmitz. Con 91 metros de altura, es uno de los mayores monumentos de Europa; su cripta quiere ser la tumba simbólica de los caídos en la batalla. A pocos cientos de metros, cerca del Napoleonstein, se alzaba el molino desde el que Napoleón siguió los combates.
Al sur de la ciudad, el Torhaus de Dölitz, pabellón de entrada del castillo disputado en 1813, es el último edificio en pie que desempeñó un papel importante en la batalla; alberga un museo de figuras de estaño. Con motivo del bicentenario, en octubre de 2013, una recreación reunió a unos 6000 participantes de 28 países ante unos 35 000 espectadores.
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