Creación y nombre
El nombre « voltigeur » evoca la idea de voltear — trasladarse deprisa de un punto a otro. Una tradición explica que se contemplaba hacerlos montar en grupa detrás de un jinete para acelerar un desplazamiento; en la práctica, es sobre todo su papel de tiradores ligeros el que define la unidad.
Bajo el Consulado, aparecen compañías de élite ligeras en la organización de los batallones; el Imperio sistematiza su presencia en los regimientos de línea y de infantería ligera. Completan a los granaderos (o carabineros en la ligera) como segunda compañía de élite.
No es, pues, un cuerpo autónomo en el sentido de un regimiento separado, sino una élite orgánica de cada batallón — un detalle de organización que cambia profundamente la forma de combatir.
Reclutamiento y criterios
Se buscan a menudo hombres de estatura más pequeña y más ágiles que los granaderos, reputados por la talla y la fuerza. Las fuentes y reglamentos insisten en la aptitud al tiro y a la movilidad más que en la parada.
El prestigio sigue siendo real: entrar entre los voltigeurs distingue al conscripto o al soldado ya formado. El uniforme y las insignias de élite (falbalás, charreteras de color distintivo según los periodos) marcan esta diferencia.
Como en toda élite de infantería, las pérdidas en combate y por enfermedad obligan a reemplazos constantes; el nivel de experiencia varía por tanto fuertemente según los años y los teatros.
Armamento y equipo
El fusil Charleville (modelo 1777 y variantes) sigue siendo el arma de base, con bayoneta. Algunos voltigeurs pueden recibir armas de calidad cuidada según las existencias, sin que haya que imaginar un armamento radicalmente distinto de la línea.
El sable corto equipa con frecuencia a las compañías de élite. La cartuchera, el morral y el shakó completan la tenida; las distinciones de élite se leen sobre todo en los ornamentos y el estatuto en el batallón.
El entrenamiento privilegia el tiro, el movimiento en enjambre y el llamamiento rápido al orden cerrado — pues el voltigeur debe saber dispersarse y luego reformarse bajo el fuego.
Papel táctico
Delante de los batallones, los voltigeurs forman la primera cortina de fuego. Hostigan las líneas enemigas, apuntan a oficiales y sirvientes de piezas cuando se ofrece la ocasión, y enmascaran la progresión de las columnas.
Cuando hay que tomar un obstáculo — seto, edificio, linde de bosque — su aptitud al combate de pequeña unidad es preciosa. Frente a la caballería, se repliegan sobre el batallón para formar el cuadro.
Su eficacia depende del terreno y de la disciplina: un enjambre demasiado alejado puede ser barrido; demasiado cercano, molesta el fuego de la línea. Los buenos jefes de compañía gestionan esta distancia a ojo.
En los campos de batalla
En Austerlitz, Jena, Eylau, Wagram o la Moskowa, las compañías de voltigeurs abren a menudo el combate local antes de que llegue la masa. Los relatos de soldados mencionan con frecuencia a estos « pequeños » en vanguardia.
En España, el terreno boscoso y los combates de pueblos multiplican las ocasiones de empleo. En 1812-1814, el desgaste de los cuadros de élite se hace sentir: los voltigeurs siguen presentes, pero la experiencia media baja con las levas sucesivas.
En Waterloo, participan en los combates de infantería de la jornada; su papel se inscribe en el más amplio de los batallones de línea y ligeros.
Herencia
Los voltigeurs simbolizan la modernización táctica de la infantería: el orden disperso ya no es el patrimonio de irregulares, sino una función orgánica del regimiento. Esta idea atraviesa el siglo.
Para la memoria napoleónica, siguen siendo los « ojos » y los « dedos » del batallón — discretos en los cuadros de batalla, esenciales en el detalle del combate.