La batalla de Trafalgar, librada el 21 de octubre de 1805 frente al cabo del mismo nombre, en Andalucía, enfrentó a la flota franco-española del vicealmirante Villeneuve con la flota británica de Nelson. Atacando en dos columnas perpendiculares una línea más numerosa pero mal adiestrada, Nelson la cortó en tres y la destruyó en pocas horas: dieciocho navíos franco-españoles fueron apresados o destruidos, sin que se perdiera ninguno británico. Nelson fue herido de muerte por un tirador del Redoutable, y la tempestad de los días siguientes completó el desastre. Librada al día siguiente de la capitulación de Ulm, cuando Napoleón ya había renunciado a invadir Inglaterra, la batalla no cambió nada en la guerra continental, pero aseguró a la Royal Navy el dominio de los mares durante diez años.
Fuerzas enfrentadas
Resultado: Victoria naval británica decisiva
Francia · España
- Villeneuve
- Gravina
- Dumanoir
- Álava
33 navíos de línea (18 franceses y 15 españoles), unos 2600 cañones y cerca de 30 000 hombres
Bajas: 18 navíos apresados o destruidos el 21 de octubre; de 2458 a más de 4000 muertos según los recuentos, varios miles de prisioneros
Reino Unido
- Nelson
- Collingwood
27 navíos de línea, unos 2150 cañones y 17 000 hombres
Bajas: Ningún navío perdido; 458 muertos, entre ellos Nelson, y 1208 heridos
Banderas: FDRMRZUSA, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons
Coordenadas de la batalla
Trafalgar
Coordenadas 36,2500° N · 6,2000° O
Mapa táctico interactivo
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La flota combinada sale de Cádiz
Al saber que Rosily llega para sustituirlo, Villeneuve decide salir. El 19 de octubre la fragata Sirius ve salir de la bahía los primeros navíos; la calma retrasa la salida, y la flota no está entera en el mar hasta el 20. Pone rumbo al estrecho de Gibraltar. Nelson, que mantenía el grueso de sus fuerzas fuera de la vista mar adentro, la sigue.
La tarde del 20, el Achille avista una fuerza británica que sigue a la flota combinada.
Posiciones esquemáticas: la situación de los barcos en el mar solo se conoce de forma aproximada. El lugar del combate y la posición británica al amanecer son los de las fuentes; el orden de la línea franco-española sigue los órdenes de batalla publicados y los puntos por donde la rompieron las columnas británicas. Los horarios, que a veces difieren un cuarto de hora según los relatos, son orientativos.
Relato de la batalla
Boulogne, o el sueño de la invasión
En 1805 el Imperio francés dominaba el continente, pero la Royal Navy dominaba los mares. Desde la ruptura de la paz de Amiens en 1803, Napoleón había reunido en torno a Boulogne un ejército y una flotilla destinados a cruzar el canal de la Mancha. Le faltaba lo esencial: el dominio del estrecho, aunque fuera unos días, para hacer pasar sus barcazas. Pero las escuadras francesas estaban bloqueadas en sus puertos, en Brest y en Tolón, por escuadras británicas que cruzaban frente a ellos.
Francia contaba, sin embargo, con un aliado naval: España, cuyos navíos tenían su base en Cádiz y Ferrol. Pero la diferencia de calidad era profunda. Parte de los mejores oficiales de la marina francesa habían sido ejecutados o habían dejado el servicio durante la Revolución, y las tripulaciones, retenidas en puerto por el bloqueo, carecían de práctica en el mar.
El gran plan de 1805
El plan de Napoleón era ambicioso. Las escuadras de Tolón y de Cádiz debían forzar el bloqueo, reunirse en las Antillas para atraer allí a los británicos, volver luego a Europa, liberar a la flota de Brest y barrer juntas el canal de la Mancha. Reunida con la flota de Ganteaume en Brest y la escuadra de Allemand, la fuerza de Villeneuve habría sumado 59 navíos de línea.
El vicealmirante Pierre-Charles de Villeneuve mandaba la escuadra de Tolón desde la muerte de Latouche-Tréville. Cumplió la primera parte: aprovechando que los británicos habían sido apartados por el mal tiempo, salió de Tolón, cruzó el estrecho de Gibraltar, se unió a los españoles en Cádiz y atravesó el Atlántico. Nelson, que al principio creyó en una expedición a Egipto, se lanzó en su persecución y no lo alcanzó en las Antillas por pocos días.
Finisterre, Ferrol, Cádiz
A la vuelta, Villeneuve se topó frente al cabo Finisterre con la escuadra del vicealmirante Calder, el 22 de julio de 1805. El combate quedó indeciso, pero dos navíos españoles fueron apresados, y Villeneuve se refugió en Ferrol. Allí recibió la orden de dirigirse a Brest. Temiendo estar vigilado por los británicos, puso rumbo al sur el 11 de agosto y fue a Cádiz, donde entró el 20 de agosto.
La decisión tuvo graves consecuencias. El 25 de agosto, sin flota que los cubriera, los cuerpos del ejército de invasión levantaron el campamento de Boulogne y marcharon hacia Alemania, donde iban a enfrentarse a Austria y a Rusia. La amenaza de invasión quedó conjurada antes incluso de que se librara la batalla de Trafalgar.
Nelson frente a Cádiz
De vuelta en Inglaterra tras dos años de servicio en el mar, el vicealmirante Horatio Nelson solo pasó veinticinco días en tierra. Zarpó de nuevo el 15 de septiembre a bordo del Victory y el 28 de septiembre tomó el mando de la flota que bloqueaba Cádiz. Para atraer al enemigo mar adentro, mantuvo el grueso de sus navíos fuera de la vista, a unos 80 kilómetros de la costa, y dejó que las fragatas del capitán Blackwood vigilaran el puerto.
Su flota, sin embargo, se debilitó antes de la batalla: el 2 de octubre cinco navíos partieron hacia Gibraltar al mando del contraalmirante Louis para abastecerse y fueron luego desviados a escoltar un convoy; Calder, llamado a comparecer ante un consejo de guerra tras Finisterre, regresó con su buque insignia. Llegaron otros barcos, y el 15 de octubre la flota había recuperado toda su fuerza.
«Combates de exterminio»: las órdenes de Napoleón
Exasperado por los resultados de la campaña, Napoleón había perdido toda confianza en Villeneuve. El 1 de septiembre, desde Boulogne, hizo escribir a su ministro Decrès que el Emperador quería acabar con «ese espíritu de circunspección» que reprochaba a su marina, que no le importaba perder sus navíos si los perdía con gloria y que esperaba de sus almirantes «combates de exterminio». A mediados de septiembre, nuevas instrucciones ordenaron a la flota combinada salir de Cádiz, recoger los navíos españoles de Cartagena y desembarcar tropas en Nápoles. Al mismo tiempo, Napoleón designó al vicealmirante Rosily para sustituir a Villeneuve.
En Cádiz faltaban más de 2000 marineros en las tripulaciones, y los oficiales temían la salida. A principios de octubre, un consejo de guerra reunió a los comandantes franceses y españoles: unánimes a favor de salir, juzgaron no obstante necesario esperar una ocasión favorable. Los testimonios sobre posibles enfrentamientos verbales entre oficiales españoles y franceses en ese consejo no están confirmados por todas las fuentes.
La salida del 19 y el 20 de octubre
El 18 de octubre, Villeneuve supo que Rosily había llegado a Madrid para ocupar su puesto. Antes que ser sustituido en puerto, decidió salir, sabiendo además que varios navíos británicos se habían marchado hacia Gibraltar. La mañana del 19 de octubre, la fragata británica Sirius vio salir de la bahía los primeros barcos y avisó a Nelson.
La calma que siguió a una semana de temporales retrasó la salida: la flota combinada, mal adiestrada, no estuvo entera en el mar hasta el 20 de octubre. Puso rumbo al estrecho de Gibraltar, primero en tres columnas y luego en una sola línea. Por la tarde, el Achille avistó una fuerza británica que la seguía.
Dos flotas frente a frente
Nelson contaba con 27 navíos de línea, tres de ellos de 100 cañones como el Victory, con unos 2150 cañones y 17 000 hombres. Villeneuve mandaba 33 —18 franceses y 15 españoles—, con unos 2600 cañones y cerca de 30 000 hombres, entre marineros y soldados. La flota combinada incluía los mayores buques presentes, entre ellos el español Santísima Trinidad, un gigante de 130 cañones, y dos navíos de 112 cañones, el Príncipe de Asturias y el Santa Ana.
La superioridad numérica no compensaba la diferencia de calidad. Las tripulaciones británicas, que llevaban meses en el mar, estaban curtidas y disparaban deprisa; las de la flota combinada contaban con pocos marineros experimentados. Del lado español, Antonio de Escaño había advertido en un informe sobre la escuadra que esta «hará vestir de luto a la Nación» en caso de combate. El teniente general Federico Gravina mandaba a los españoles, a las órdenes de Villeneuve.
El plan de Nelson
La costumbre quería que dos flotas se formaran en líneas paralelas y se cañonearan costado contra costado, lo que a menudo producía combates indecisos. Nelson quería, al contrario, una refriega. Frente a una línea más numerosa, la atacaría en dos columnas, en perpendicular: una contra el centro y otra contra la retaguardia, para cortarla en tres, aplastar el centro y la retaguardia antes de que la vanguardia pudiera virar y apoderarse del buque insignia. Para ganar tiempo, el orden de marcha sería el orden de combate. Dejó un amplio margen a sus capitanes: ninguno, escribió en su memorándum, podía equivocarse mucho si colocaba su barco costado con costado junto a uno enemigo.
El plan tenía un riesgo: durante la aproximación, los barcos de cabeza recibirían el fuego de la línea enemiga sin poder responder. Nelson hizo largar todo el trapo disponible y contó con la mala puntería contraria. Villeneuve había previsto esa maniobra y anunciado en sus instrucciones que el enemigo intentaría atravesar su línea y envolver su retaguardia; pero no preparó nada para contrarrestarla y mantuvo una sola línea, por temor a que sus oficiales no supieran maniobrar en varios grupos.
La mañana del 21 de octubre
A las 5.40, la flota británica se encontraba a unos 34 kilómetros al noroeste del cabo Trafalgar, con la flota combinada entre ella y la costa. Hacia las 6, Nelson dio la orden de prepararse para el combate. En su diario escribió una oración en la que pedía para su país «una gran y gloriosa victoria» y que la humanidad tras la victoria fuera el rasgo dominante de la flota británica.
Hacia las 8, Villeneuve ordenó a su flota virar a la vez para regresar a Cádiz. La maniobra invirtió el orden de la línea: la retaguardia del contraalmirante Dumanoir quedó en cabeza. El viento era flojo y cambiante; hizo falta casi una hora y media para ejecutar la orden, y la flota combinada formó en adelante una media luna irregular, de casi ocho kilómetros de largo y llena de huecos. Según un relato español, el capitán Churruca, leyendo las señales con el anteojo, habría dicho que el almirante no sabía lo que hacía y que la flota estaba perdida.
«England expects…»
Hacia las 11.45, Nelson hizo enviar a su flota la famosa señal: «Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber». El oficial de señales, John Pasco, contó que Nelson quería escribir primero «England confides», «Inglaterra confía»; él propuso «expects», que figuraba en el código de señales, mientras que «confides» habría tenido que deletrearse letra a letra. Nelson aceptó: aún tenía que izar la señal de combate cercano.
En la época, «England» designaba corrientemente a todo el Reino Unido: la flota contaba con numerosos marineros irlandeses, escoceses y galeses. Las dos columnas avanzaron entonces, muy despacio por falta de viento: Nelson en el Victory, a la cabeza de la columna del norte, a barlovento; el vicealmirante Cuthbert Collingwood en el Royal Sovereign, a la cabeza de la del sur, a sotavento.
Mediodía: el Royal Sovereign rompe la línea
A mediodía, Villeneuve hizo la señal de entablar combate, y el Fougueux disparó el primer cañonazo contra el Royal Sovereign. Con el casco recién limpiado, el navío de Collingwood se había adelantado al resto de su columna. Bajo el fuego del Fougueux, el Indomptable, el San Justo y el San Leandro, rompió la línea justo detrás del Santa Ana, buque insignia del vicealmirante español Álava, y le disparó por la popa una andanada devastadora. «¡Mirad cómo ese valiente Collingwood lleva su barco al combate!», habría exclamado Nelson; en el mismo momento, Collingwood habría preguntado a su capitán qué no daría Nelson por estar allí.
Durante un cuarto de hora, el Royal Sovereign combatió solo. El Belleisle, que lo seguía, fue atacado por el Aigle, el Achille, el Neptune y el Fougueux, quedó totalmente desarbolado e incapaz de maniobrar; aun así mantuvo su pabellón durante tres cuartos de hora, hasta que llegaron los barcos siguientes.
El Victory corta la línea
Durante unos cuarenta minutos, el Victory avanzó bajo el fuego del Héros, el Santísima Trinidad, el Redoutable y el Neptune sin poder responder; perdió la rueda del timón y hubo que gobernarlo desde la caña, bajo cubierta. Hacia las 12.30 o las 12.45, según las fuentes, cortó la línea entre el Bucentaure, buque insignia de Villeneuve, y el Redoutable. Pasando muy cerca de la popa del Bucentaure, le disparó una andanada de enfilada con los cañones cargados con dos o tres balas y las carronadas con balas de mosquete: habría matado o herido de 200 a 400 hombres de una dotación de 800 y dejado fuera de combate al buque insignia francés.
Dejando el Bucentaure a los barcos siguientes de su columna —el Temeraire, el Conqueror y el Neptune británico—, el Victory chocó con el Redoutable, al mando del capitán de navío Jean-Jacques Lucas.
El Redoutable contra el Victory
Los dos barcos se enredaron, arboladura contra arboladura. La dotación de Lucas, reforzada con un fuerte destacamento de infantería, se preparaba para el abordaje. Según su informe, el fuego de sus tiradores hizo callar en menos de un cuarto de hora el de las cubiertas superiores del Victory. Una bala de mosquete disparada desde la cofa de mesana del Redoutable alcanzó a Nelson en el hombro izquierdo, le atravesó la columna y se alojó en la espalda. «Por fin lo han conseguido, estoy muerto», habría dicho. Lo bajaron bajo cubierta.
Los franceses iban a abordar cuando el Temeraire, segundo barco de la columna, llegó por el costado opuesto y barrió con sus carronadas la cubierta del Redoutable, donde se concentraban los grupos de abordaje. Fue una carnicería. Hacia las 14 —a las 13.55 según varias fuentes—, el Redoutable, destrozado, con su capitán gravemente herido y más de cuatro quintas partes de sus 643 hombres fuera de combate, arrió su pabellón.
La refriega
Como Nelson había querido, la batalla se deshizo en combates de barco contra barco, en los que el adiestramiento británico marcó la diferencia. El Bucentaure, aislado y acribillado, se rindió; Villeneuve cayó prisionero. El Santa Ana arrió su pabellón hacia las 14.15. El Santísima Trinidad, rodeado por varios navíos británicos, se rindió a su vez, hacia las 14.35 según una fuente y tras tres horas de combate según otra.
En la retaguardia de la línea, los españoles combatieron con encarnizamiento. El brigadier Cosme Damián Churruca, comandante del San Juan Nepomuceno, y Dionisio Alcalá Galiano, comandante del Bahama, murieron tras ordenar que sus barcos no se rindieran; también murió Francisco Alsedo y Bustamante. Gravina resultó gravemente herido.
La vanguardia de Dumanoir
A la cabeza de la línea desde la virada de la mañana, la vanguardia del contraalmirante Dumanoir permaneció mucho tiempo fuera del combate. Con el viento caído, tuvo que hacer remolcar sus barcos con botes y no llegó hasta las 14.30, demasiado tarde para pesar. Intentó en vano aislar a dos navíos británicos, el Spartiate y el Minotaur, y luego, perdida la batalla, se alejó con cuatro navíos franceses: el Formidable, el Scipion, el Duguay-Trouin y el Mont-Blanc. Fueron apresados el 4 de noviembre de 1805 frente al cabo Ortegal por la escuadra de sir Richard Strachan.
Solo el Intrépide y el San Agustín volvieron hacia el combate por el norte. Tomados de inmediato bajo el fuego de varios navíos británicos, se rindieron tras una hora de lucha.
La muerte de Nelson
En el sollado del Victory, Nelson agonizó durante tres horas. El cirujano William Beatty le oyó murmurar «Gracias a Dios, he cumplido con mi deber»; su capellán, Alexander Scott, recogió como últimas palabras «Dios y mi patria». Murió hacia las 16.30. Antes de morir, previendo la tempestad, había ordenado a la flota fondear.
En ese mismo momento, Gravina hizo señal a los barcos aún capaces de maniobrar de reagruparse y retirarse hacia Cádiz. El Neptuno español fue el último en arriar su pabellón, hacia las 17.15. Un cuarto de hora después, el Achille francés, en llamas, saltó por los aires.
La tempestad
Durante la noche se desató la tempestad que Nelson había previsto. Muchos barcos gravemente dañados se hundieron o encallaron en los bajos de la costa andaluza. Algunas presas fueron recuperadas, a veces por los propios prisioneros: en el Algésiras, 270 marineros franceses custodiados por 50 británicos se liberaron y llevaron el barco a Cádiz; la dotación del Bucentaure recuperó también su navío, que después se estrelló contra los arrecifes.
El 23 de octubre, el capitán Cosmao-Kerjulien salió de Cádiz con el Pluton, algunos navíos franceses y españoles y varias fragatas. Recuperó el Santa Ana y el Neptuno, pero la tempestad le costó más: el Indomptable naufragó frente a Rota con 1200 hombres a bordo, de los que solo se salvaron un centenar; el Rayo, el San Francisco de Asís y el Neptuno se perdieron a su vez. Los británicos, obligados a interrumpir sus reparaciones, hundieron o quemaron las presas más dañadas, entre ellas el Santísima Trinidad. Solo cuatro presas llegarían a Inglaterra. Collingwood escribió que preferiría librar otra batalla antes que pasar otra semana como la que la siguió. El 27 de octubre ofreció liberar a sus prisioneros españoles heridos; el gobernador de Cádiz y Gravina liberaron a cambio a sus prisioneros británicos, y los franceses se sumaron al acuerdo.
El balance
La flota combinada perdió dieciocho navíos el 21 de octubre, diecisiete de ellos apresados y uno destruido; los británicos no perdieron ninguno. Tras la tempestad y la salida de Cosmao, solo quedaba una decena de navíos aliados en Cádiz, y Rosily, a su llegada, no encontró allí más que cinco navíos franceses.
Las pérdidas humanas varían según las fuentes. Según un recuento, la flota combinada tuvo 2458 muertos y 2781 heridos, y los británicos 458 muertos y 1208 heridos. Otros recuentos dan para la marina francesa 3373 muertos en combate o ahogados después, 1155 heridos y unos 4000 prisioneros, y para España 1022 muertos, 1386 heridos y de 3000 a 4000 prisioneros. Más de la mitad de los muertos y heridos españoles procedían de Ferrol y su comarca.
Una victoria lejos de la guerra continental
Trafalgar se libró al día siguiente de la capitulación de Ulm, y Napoleón no supo de la derrota hasta semanas después. Controlaba la prensa y mantuvo la derrota en secreto durante más de un mes. En el continente, la batalla no cambió nada: el 2 de diciembre, Austerlitz sacó a Austria de la guerra. Napoleón, por lo demás, había renunciado a la invasión antes de Trafalgar y nunca la retomó.
En el mar, en cambio, la lección fue definitiva: la Royal Navy nunca volvería a ser seriamente desafiada por una flota francesa en una gran batalla. Napoleón relanzó la construcción naval, hasta disponer de unos 80 navíos de línea en 1814, pero nunca salieron con fuerza; buscó en otra parte un arma contra Inglaterra y la encontró en el Bloqueo Continental. El francés conserva la expresión «coup de Trafalgar» para un desastre repentino.
Villeneuve, prisionero, asistió al funeral de Nelson. Liberado bajo palabra, desembarcó en Morlaix en abril de 1806 y se detuvo en Rennes; el 22 de abril fue hallado muerto en su habitación de una posada, con seis puñaladas en la región del corazón. Se concluyó que fue un suicidio, una tesis que ha sido discutida. Gravina murió de sus heridas en Cádiz en la primavera de 1806; reposa en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.
Nelson, héroe nacional
El cuerpo de Nelson regresó a Inglaterra conservado en un tonel de aguardiente. Recibió un funeral de Estado y reposa en la catedral de San Pablo de Londres. Pronto se levantaron monumentos en Glasgow, Dublín, Edimburgo y Montreal. En Londres, Trafalgar Square lleva el nombre de la victoria; la columna de Nelson, diseñada por William Railton, se erigió allí entre 1840 y 1843. Los relieves de bronce de su pedestal, uno de los cuales representa la muerte de Nelson, se fundieron con cañones tomados a los franceses; los cuatro leones de Landseer se añadieron en 1867.
El Victory se conserva en dique seco en Portsmouth desde 1922; desde 2012 es el buque insignia del First Sea Lord. En 2005, con motivo del bicentenario, barcos británicos, españoles y franceses maniobraron juntos el 21 de octubre frente al cabo Trafalgar, en presencia de descendientes de los combatientes.
Turner, Galdós, Pérez-Reverte
La batalla inspiró una abundante producción artística. Joseph Mallord William Turner pintó entre 1822 y 1824 una vasta Batalla de Trafalgar de 2,6 por 3,7 metros, hoy en el National Maritime Museum de Greenwich, en la que un gran navío de tres puentes domina un caos de velas, humo y náufragos.
En España, Trafalgar es también un lugar de memoria literaria. En 1873, Benito Pérez Galdós abrió sus Episodios nacionales con Trafalgar, en la que un muchacho de catorce años, Gabriel de Araceli, vive la batalla como criado de un viejo oficial de la Armada. Más recientemente, Arturo Pérez-Reverte publicó Cabo Trafalgar (2004). En el Reino Unido, el 21 de octubre ha seguido siendo el Trafalgar Day.
Para profundizar
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