El sitio es una llanura del Piamonte, al este de Alejandría, entre el Bormida y el Tanaro. En 1800 era un damero de viñas, zanjas y granjas; hoy es Spinetta Marengo, un suburbio atravesado por la vía férrea y bordeado de fábricas químicas. Pocos campos de batalla napoleónicos han sido tan completamente absorbidos por la industria.
Lo que allí se construyó es conmemoración desde el principio. Napoleón hizo levantar en el lugar una columna y una pirámide al día siguiente de la victoria; la villa Delavo, construida a mediados del siglo XIX por un aficionado, reúne hoy el museo de la batalla, uniformes, armas y una estatua del Emperador como César. El campo ya no se lee; el monumento sí.
La jornada del 14 de junio de 1800 había empezado muy mal: sorprendidos por Melas, los franceses retrocedían desde la mañana y Bonaparte había dispersado sus fuerzas. El regreso de la división Desaix a última hora de la tarde y la carga de Kellermann hijo lo invirtieron todo en una hora. Desaix murió; el primer parte sería reescrito tres veces para dar a la victoria el aire de un plan.
Políticamente todo dependía de ello. Primer cónsul desde hacía solo siete meses, Bonaparte se jugaba en Marengo la legitimidad del régimen nacido de Brumario. El nombre pasó a la lengua de varias maneras: el pollo Marengo improvisado esa misma noche por su cocinero, el color gris marengo y el caballo favorito del Emperador, montado hasta Waterloo.