Llegó a Rochefort el 3 de julio de 1815, procedente de Malmaison, con un séquito de medio centenar de personas. Dos fragatas, La Saale y La Méduse, estaban armadas para llevarlo a los Estados Unidos. Pero el gobierno provisional de Fouché no quería responsabilidades, los pasaportes ingleses no llegaban y el Belerofonte cruzaba ante el estuario.
Los proyectos se sucedieron en desorden. El comandante de La Méduse propuso atacar de noche al navío inglés para dejar pasar a la otra fragata; algunos oficiales querían esconderlo en un mercante danés, entre dos barricas; se habló de una barca de pesca, de una salida en solitario. Rechazó todo lo que se pareciera a una huida disfrazada: quería partir como emperador o entregarse como soldado.
El 8 de julio pasó a la isla de Aix, donde permaneció unos días. El 13 escribió al príncipe regente la carta que se hizo célebre: «Vengo, como Temístocles, a sentarme al hogar del pueblo británico. Me pongo bajo la protección de sus leyes, que reclamo de Vuestra Alteza Real como del más poderoso, el más constante y el más generoso de mis enemigos.»
La mañana del 15 de julio subió a bordo del Belerofonte y el capitán Maitland lo recibió con los honores debidos a un general. Creía en un retiro inglés, una casa de campo, libros. El 31 de julio se le notificó que era prisionero y que partiría hacia Santa Elena. Rochefort es el último lugar donde todavía tenía elección.