El lugar debe su nombre solo a su función: el cruce de la carretera Bruselas-Charleroi y de la ruta de Nivelles a Namur, cuatro brazos de camino y una posada. Quien controla ese cruce controla el enlace entre el ejército anglo-holandés y el prusiano. Por eso, el 16 de junio de 1815, se libraron dos batallas el mismo día a quince kilómetros una de otra.
Ney, encargado de tomar la posición, atacó tarde y por fracciones, contra tropas que llegaban de refuerzo hora tras hora. El duque de Brunswick murió al frente de sus húsares negros; los escoceses aguantaron en los centenales del bosque de Bossu. Al anochecer los aliados seguían dueños del cruce, y el cuerpo de d'Erlon había pasado el día marchando entre los dos campos sin combatir en ninguno.
El cruce existe todavía, banal y transitado, en la intersección de la N5 y la N93. Allí se alzan tres monumentos: el del duque de Brunswick, el de los belgo-holandeses y el de los Highlanders, añadido en 1990. Las granjas de Gemioncourt y La Bergerie, puntos de apoyo de la jornada, siguen en pie entre los campos.
Nada se ganó ni se perdió allí de manera decisiva, y ese es precisamente el problema. Al no tomar el cruce, el ejército francés no separó a sus dos adversarios; Wellington pudo replegarse en orden sobre la meseta de Mont-Saint-Jean, y Blücher supo dónde reunirse con él. Waterloo se decide en parte aquí, dos días antes.