Desde 1795 los cinco Directores vivían y gobernaban en el Luxemburgo. Allí fue recibido Bonaparte, vuelto vencedor de Italia, el 10 de diciembre de 1797, en el patio convertido en anfiteatro, bajo un altar de la Patria y ante las banderas tomadas al enemigo. Barras lo felicitó con una calidez inquieta; el general de veintiocho años respondió con unas frases secas y se marchó. Todos comprendieron que el poder tenía ya un rival.
La noche del 19 de brumario, tras la jornada de Saint-Cloud, el Consulado provisional se instaló en el Luxemburgo. Bonaparte gobernó allí tres meses, con Sieyès y luego Cambacérès y Lebrun, e hizo redactar la Constitución del año VIII. El 19 de febrero de 1800 dejó el palacio por las Tullerías: la mudanza fue un acto político, de la casa del Directorio a la de los reyes.
El Luxemburgo se convirtió entonces en sede del Senado conservador, cámara de notables encargada de garantizar la Constitución. Chalgrin lo adaptó, acondicionó la sala de sesiones y la escalera de honor. El Senado lo ratificó todo: el Consulado vitalicio en 1802, el Imperio en 1804, los senadoconsultos que levantaban las quintas.
Después hizo lo contrario. El 2 de abril de 1814, impulsado por Talleyrand, ese mismo Senado votó la deposición del Emperador, enumerando sus violaciones de la Constitución. La cámara creada para proteger el régimen lo abolió en el palacio donde había nacido. El Senado francés sigue sesionando allí.