El general Dupont, enviado a ocupar Andalucía, se dejó encerrar en el valle del Guadalquivir con veinte mil hombres, una columna cargada con el botín saqueado en Córdoba y un calor de julio aplastante. Del 16 al 19 de julio de 1808 el ejército español de Castaños le cortó el camino de Madrid en torno a la villa de Bailén, en la Andalucía oriental.
El 22 de julio Dupont firmó una capitulación que entregaba todo su cuerpo de ejército. Era un hecho sin precedentes: desde 1796 ninguna fuerza imperial se había rendido en campo abierto. Las condiciones no se respetaron y la mayoría de los prisioneros acabaron en los pontones de Cádiz o en la isla de Cabrera, donde millares murieron de hambre.
Los efectos rebasaron con mucho a España. José, rey desde hacía tres semanas, abandonó Madrid; Austria, que dudaba, decidió atacar y desencadenaría la guerra de 1809; los patriotas alemanes sacaron de ello la demostración que buscaban. Napoleón hizo juzgar a Dupont, lo privó de sus títulos y lo encerró hasta 1814.
Bailén es hoy una pequeña ciudad de la provincia de Jaén, en la ruta de Andalucía, conocida por su cerámica. Un museo de la batalla, un monumento en el campo y una conmemoración anual mantienen viva la memoria — mucho más viva en España, donde la jornada ocupa un lugar de primer orden en el relato nacional de la guerra de la Independencia, que en Francia, donde es casi desconocida.