Llegó en junio de 1788 a la pequeña plaza fuerte del Saona, sede de la escuela de aplicación de la artillería. Su comandante, el barón Jean-Pierre du Teil, hermano del autor de El uso de la nueva artillería, distinguió pronto a ese teniente de dieciocho años y le confió trabajos y memorias reservados de ordinario a oficiales más antiguos.
Lo que allí se enseñaba era el sistema Gribeauval: piezas más ligeras, normalizadas, intercambiables, servidas por personal formado, capaces de seguir a la infantería y concentrarse deprisa. Cruzada con las ideas de Guibert sobre movilidad y división, era exactamente la herramienta que Bonaparte emplearía en Tolón, luego en Lodi, luego en la gran batería de Austerlitz.
La vida material era dura. Vivía de su paga, hizo venir a su hermano Luis, a quien alimentaba e instruía él mismo, comía una vez al día y caía enfermo de fiebres tenaces. Sus cuadernos de Auxonne, conservados, mezclan balística, fortificación, notas de lectura sobre historia antigua y borradores literarios: se ve un espíritu que lo ordena todo.
La Revolución entró por la ventana. En 1789 la guarnición fue empleada en contener motines de subsistencias en la región; asistió a la desobediencia de los soldados y al hundimiento de la autoridad de los oficiales nobles. Lo que la provincia le mostró entonces no lo olvidó más que las tablas de tiro.