Todo dependía del río. Para atacar al archiduque Carlos, el ejército debía cruzar el Danubio y desplegarse en la llanura del Marchfeld, entre las aldeas de Aspern y Essling. Los días 21 y 22 de mayo de 1809 los austriacos soltaron en la corriente molinos y balsas que rompieron varias veces los puentes franceses: el ejército quedó partido en dos, medio empeñado, sin municiones.
El resultado es inapelable. Tras dos días de combates en las calles y los graneros de las dos aldeas, Napoleón tuvo que ordenar la retirada a la isla de Lobau. Fue su primera derrota personal en campaña. Lannes, el amigo de veinte años, fue alcanzado en las piernas por una bala y murió nueve días después; el Emperador lloró ante testigos.
Aspern y Essling son hoy barrios del distrito 22 de Viena, Donaustadt: urbanizaciones, escuelas, avenidas. Ante la iglesia de Aspern se alza el León de Aspern, esculpido en 1858: una fiera moribunda tendida sobre una bandera rota. El granero fortificado de Essling, que sirvió de punto de apoyo, existe todavía y alberga un pequeño museo.
Seis semanas después, en Wagram, en la misma llanura y con puentes de verdad, Napoleón ganaría la batalla que aquí había perdido. Pero Europa había visto: se le podía batir. La noticia de Aspern circuló hasta España y Alemania, y alimentó todas las resistencias que 1813 vería levantarse.